Ayer estuve reunido con un grupo del que formo
parte. Todos de 50 para arriba, sólo dos mujeres -fantásticas, por
cierto-. Nos planteamos qué hacer, cómo aplicar lo que consideramos
criterios básicos para el funcionamiento de la sociedad, como adecuar
nuestras acciones bienintencionadas a este mundo convulso de escándalos,
atracos y pérdida de bienestar.
He dormido con la zozobra de estos pensami...entos.
Por la mañana me he acercado al río para ver amanecer y le he
preguntado por todo ésto. El río y los árboles de la ribera me han
respondido que para renovar nuestra sociedad es necesario que el grano
muera, la crisis (el cambio) forma parte del ciclo de la vida.
Necesitamos que la sociedad que hemos creado -el gran logro fracasado de
nuestra generación adulta- se renueve y para eso es necesario que
muera. Me preocuparía que el sistema político, sindical, empresarial,
financiero... que hemos creado y nos (des)gobierna no muriera. Nuestra
mentalidad ha de cambiar. Lo peor, lo más reaccionario, es pedir:
"Virgencica, virgencica que me quede como estoy".
No sabemos a
dónde dirigirnos, la incertidumbre es el desierto que tenemos de pasar
la sociedad contemporánea, nuestro desafío. Es preciso innovar, no valen
los moldes viejos... Toca ceder el paso a los jóvenes y apoyarlos, no
protegerlos ni tutelarlos manteniéndolos en una perpetua adolescencia.
Digo apoyarlos en sus decisiones. Juntos podemos y necesitamos crear
unas directrices y repensar los principios éticos sobre los que
construir nuevos presentes y... CAMINAR, NO PARAR, TRABAJAR, VIVIR!!!
01 marzo 2013
19 febrero 2013
Metáfora del Estado de la Nación
Metáfora del Estado de la Nación.
El Ebro sigue con su cauce lleno. El caudal no
baja de 1.100 m3/ seg. Hay mucha nieve acumulada en la montaña, los
embalses tienen reducida su capacidad de regulación por que están muy
llenos y después de semanas con aguas altas, el acuífer...o
cuaternario está saturado y tampoco puede contener más agua. Miles de
hectáreas de árboles y hortalizas permanecen bajo el agua demasiado
tiempo y se ahogarán. Las motas están debilitadas por la presión
continuada y las filtraciones... Hay que estudiar con todo detalle la
respuesta del sistema ante tal confluencia de factores amenazantes y
extremar el cuidado en la gestión del río y de la llanura de inundación.
Demasiados números para la rifa!
En la Nación el paro está desbordado como una crecida extraordinaria. Muchos
salarios no alcanzan los 1.000 euros. Los ahorros no dan para más y no se
puede contraer más deuda. La paciencia está saturada y no aguanta más
mentiras, ni estafas... La corrupción inunda, como el agua, cualquier
poro de la sociedad, sea grande o pequeño... Es la España del Lazarillo!
La sociedad se divide en bandos, bandas, capillas, grupos de interés,
familias, clubes... Resurge con fuerza la intolerancia y el
sectarismo...
Las motas policiales están debilitadas por la
incoherencia y falta de autoridad de quienes les mandan... y solo pueden
contener a las mareas de colorines de una en una, pero no podrán si
todas llegan a confluir. La fuerza de los votos se debilita por la
incoherencia en el cumplimiento de un programa diseñado con técnicas de
marketing y no construido sobre la cruda realidad de un país cada vez
menos soberano gobernado por los insaciables mercados internacionales.
Urge la convocatoria de un gabinete de crisis que conduzca la crisis...
pero mientras tanto, los que tienen legitimidad para hacerlo se reúnen
para celebrar la parodia grotesca de un debate sobre el estado de la
Nación y nos harán llorar de rabia e impotencia.
Mi generación ha
desperdiciado una oportunidad histórica para regenerar España y sacarla
del caciquismo ancestral. No nos libramos de la presión cultural del
Lazarillo sin escrúpulos, de la intransigencia de la Inquisición y del
caudillismo redentor.
Y mientras la generación de los jóvenes mejor
preparados de la historia tienen que emigrar a los países que valoran
su buena cualificación por que no les dejamos sitio, no les permitimos
tomar decisiones, los mantenemos en el mejor de los casos como menores
de edad aunque superen ampliamente los treinta años.
Estamos acumulando demasiados números para la rifa!
07 febrero 2013
Desvelado por una realidad que revienta los sueños
11 diciembre 2012
María “la Malejanera”.
No había viviendas disponibles en aquel pueblo olvidado. Pero el Rufo se mudó y la joven pareja pudo alquilar y acomodarse en la vieja casa que crujía cuando soplaba el cierzo junto al camino de los Esterrales. Sin más reformas que un encalado, pronto recibió al primer pequeño que llenó de ilusiones aquel rincón.
Al poco, la casa se puso en venta pero la j
oven pareja no podía comprarla. Lo hicieron unos familiares próximos que se apresuraron a reformarla. La joven pareja y su niño de meses no tenía dónde ir. La mujer estaba de nuevo embarazada. Las obras comenzaron y un día de noviembre, al volver a casa, la joven pareja y su hijo se encontraron sin escalera y sin ventanas. Se refugiaron en un cuarto cubriendo el hueco de las ventanas y la puerta con las mantas de las olivas y sacos de paja. p
Protegida por su marido, la embarazada tenía que subír y bajar con su hijo en brazos por una escalera de madera. La joven pareja con un niño y esperando otro, no tenían donde ir.
La mujer embarazada cocinaba junto al camino en una hoguera apoyando los pucheros en unas piedras. Y así llegó diciembre.
Mientras los parientes seguían con las obras de la casa, incómodos con la situación crecían en indignación e instigaban a la joven pareja para que se marchasen. Pero no tenían donde ir. No había casas en aquel pueblo olvidado que miraba a otra parte cuando pasaba por el camino de los Esterrales y murmuraba en el lavadero.
Un día María “la Malejanera”, la mujer de Germán, pasó por allí y vio a la joven mujer embarazada y con su niño de catorce meses, se enterneció y dijo a la mujer: Ven a mi casa, hija mía.
El día de la Inmaculada de 1954, la joven pareja y su hijo pudieron trasladarse en alquiler a un piso del conde que había quedado libre en el antiguo cuartel.
En aquel pueblo olvidado, María “la Malejanera” fue el anónimo ángel del portal en aquel belén del Moncayo que me hiela el alma.
Protegida por su marido, la embarazada tenía que subír y bajar con su hijo en brazos por una escalera de madera. La joven pareja con un niño y esperando otro, no tenían donde ir.
La mujer embarazada cocinaba junto al camino en una hoguera apoyando los pucheros en unas piedras. Y así llegó diciembre.
Mientras los parientes seguían con las obras de la casa, incómodos con la situación crecían en indignación e instigaban a la joven pareja para que se marchasen. Pero no tenían donde ir. No había casas en aquel pueblo olvidado que miraba a otra parte cuando pasaba por el camino de los Esterrales y murmuraba en el lavadero.
Un día María “la Malejanera”, la mujer de Germán, pasó por allí y vio a la joven mujer embarazada y con su niño de catorce meses, se enterneció y dijo a la mujer: Ven a mi casa, hija mía.
El día de la Inmaculada de 1954, la joven pareja y su hijo pudieron trasladarse en alquiler a un piso del conde que había quedado libre en el antiguo cuartel.
En aquel pueblo olvidado, María “la Malejanera” fue el anónimo ángel del portal en aquel belén del Moncayo que me hiela el alma.
La enorme sonrisa blanca
Una pareja de conocidos vienen de misa. Están jubilados y pasan mitad de año en el pueblo y el invierno en Zaragoza. Les hace parar el extraño comportamiento de dos individuos ante el cajero automático de una de esas entidades “modelo” que se han ido a pique y que nos toca reflotar a golpe de recortes.
-Mira –me dicen- esos tipos deben estar robando ¿Qu
é hacemos?
-Déjalos –les respondo con ironía para quitar importancia-, quien roba a un ladrón….
Los individuos se alejan.
-Ay! –exclama ella- se nos está llenando el barrio de gente de esa. Ésto va a peor, nos quitan el trabajo, son delincuentes… A veces, cuando veo que vienen mujeres embarazadas y niños en esas pateras… le pido a Dios que hunda las barcas antes de llegar a la costa y que nos dejen en paz.
-Eso, eso... -interviene él- ellos vienen en pateras y nos echarán y tendremos que irnos a nado.
Reconozco que me dejaron noqueado, no pude articular palabra, mi respuesta hubiera sido demasiado grosera, me fui aturdido... y subí a casa. Entonces advertí en el ascensor la presencia de un guapo muchacho negro que con acento cubano y una enorme sonrisa blanca me preguntó:
-¿A qué piso va?
-Déjalos –les respondo con ironía para quitar importancia-, quien roba a un ladrón….
Los individuos se alejan.
-Ay! –exclama ella- se nos está llenando el barrio de gente de esa. Ésto va a peor, nos quitan el trabajo, son delincuentes… A veces, cuando veo que vienen mujeres embarazadas y niños en esas pateras… le pido a Dios que hunda las barcas antes de llegar a la costa y que nos dejen en paz.
-Eso, eso... -interviene él- ellos vienen en pateras y nos echarán y tendremos que irnos a nado.
Reconozco que me dejaron noqueado, no pude articular palabra, mi respuesta hubiera sido demasiado grosera, me fui aturdido... y subí a casa. Entonces advertí en el ascensor la presencia de un guapo muchacho negro que con acento cubano y una enorme sonrisa blanca me preguntó:
-¿A qué piso va?
El racimo de la muerte.
En aquella ciudad que sesteaba a la orilla del Ebro se instaló en 1943 la sede y centro de producción de una empresa que fabricaba bombas y lanzadores de cohetes con los que se equipaban las fuerza
s armadas de países de todo el mundo. Uno de sus productos, tristemente célebre, eran las bombas de racimo.
Pero resultó que en el año 2009 aquel país firmó un convenio internacional en Dublín contra esas bombas, y desde ese momento dejó de comprarlas. Entonces el comerciante de las bombas racimo denunció al gobierno por dejar de comprar esas armas. Más tarde hubo un cambio de gobierno y el comerciante, transmutado en ministro, pagó a su antigua empresa la indemnización correspondiente, 40 millones de euros.
Y aquella ciudad se avergonzó e, impotente, lloró.
Pero resultó que en el año 2009 aquel país firmó un convenio internacional en Dublín contra esas bombas, y desde ese momento dejó de comprarlas. Entonces el comerciante de las bombas racimo denunció al gobierno por dejar de comprar esas armas. Más tarde hubo un cambio de gobierno y el comerciante, transmutado en ministro, pagó a su antigua empresa la indemnización correspondiente, 40 millones de euros.
Y aquella ciudad se avergonzó e, impotente, lloró.
Martín el verdulero
Paco vivía desde hace 25 años en Zaragoza completamente impermeable a la ciudad, él era un hombre de campo. En cuanto podía escapaba del asfalto y se iba a conocer los barrios rurales y pequeños pueblos del entorno.
En María de Huerva se encontró con Martín. Hacía tiempo que no se veían, se saludaron, recordaron tiempos y se fueron poniendo al día de sus and
anzas. Martín tenía un pequeño puesto de verduras en el mercado y Paco que adoraba las borrajas y las frutas había sido su cliente durante años.
Al jubilarse, Martín traspasó el puesto, vendió el piso de Zaragoza y se marchó a vivir a su casita de María de Huerva. Aquel capitalito lo invirtió en el pago de la entrada de cinco chalets adosados y en el pago mensual de las hipotecas correspondientes. Así aguantó año y medio y luego, aprovechando un buen momento, los vendió de nuevo. En la operación ganó 25 millones de pesetas (Paco y Martín siempre hablaban de pesetas cuando se trataba de cifras gordas).
Martín le decía a Paco:
-Fíjate, en año y medio y jubilado, sin dar un palo al agua, he ganado más que en toda mi vida levantándome siempre a oscuras para comprar en el Mercazaragoza y luego despachar la mercancía a cuarto y mitad durante todo el día.
Paco le felicitó, se despidió y caminó sin decir nada durante mucho rato. Su mujer, extrañada de su silencio, le preguntó:
-¿Qué piensas, Paco? Vaya con el Martín ¡Este sí que es listo!...
Pero el hombre de pueblo no entendía aquellas economías. ¿Cómo puede uno hacerse rico sin producir nada?. Y mientras paseaba aquellos pensamientos permanecía callado, mirando al suelo…
-¿Has pensado, Cristina, de donde ha salido el dinero que ha ganado Martín? –le preguntó a su mujer-
-De la venta de los chalets… ¿De dónde va a venir? -respondió con presteza la mujer- Martín ha hecho una operación financiera… Tú no sabes de eso!
-Ya, pero… ¿Quién ha pagado esa diferencia… lo que ha ganado Martín?
-Toma, pues los que han comprado!
-Y ¿quiénes son los que han comprado? Supongo que serán parejas jóvenes que buscan casa y se meten en hipotecas de esas que dan ahora y pagas en 40 años… ¡Maldita economía moderna que para hacer rico a uno hace pobres a veinte! –y se calló de nuevo-
Mientras regresaba a Zaragoza, Paco seguía pensando en las familias condenadas al pago de la hipoteca del piso durante toda la vida y al pago del coche y la gasolina de cada día para ir al trabajo, a PLAZA o Puerto Venecia para comprar, y los chicos y las motos y los accidentes y las horas perdidas en los desplazamientos y en la mala leche que se hace al volante… Allá por Cuarte o Cadrete una urbanización encaramada en el escarpe de yesos sobre el Huerva dibujaba una cremallera monótona en el paisaje de la estepa zaragozana. Un enorme cartel publicitario anunciaba una nueva promoción de chalets adosados: "Viva en plena naturaleza a diez minutos de la ciudad".
De aquel paseo Paco regresó muy triste. Paco murió el año que estalló la burbuja inmobiliaria.
Al jubilarse, Martín traspasó el puesto, vendió el piso de Zaragoza y se marchó a vivir a su casita de María de Huerva. Aquel capitalito lo invirtió en el pago de la entrada de cinco chalets adosados y en el pago mensual de las hipotecas correspondientes. Así aguantó año y medio y luego, aprovechando un buen momento, los vendió de nuevo. En la operación ganó 25 millones de pesetas (Paco y Martín siempre hablaban de pesetas cuando se trataba de cifras gordas).
Martín le decía a Paco:
-Fíjate, en año y medio y jubilado, sin dar un palo al agua, he ganado más que en toda mi vida levantándome siempre a oscuras para comprar en el Mercazaragoza y luego despachar la mercancía a cuarto y mitad durante todo el día.
Paco le felicitó, se despidió y caminó sin decir nada durante mucho rato. Su mujer, extrañada de su silencio, le preguntó:
-¿Qué piensas, Paco? Vaya con el Martín ¡Este sí que es listo!...
Pero el hombre de pueblo no entendía aquellas economías. ¿Cómo puede uno hacerse rico sin producir nada?. Y mientras paseaba aquellos pensamientos permanecía callado, mirando al suelo…
-¿Has pensado, Cristina, de donde ha salido el dinero que ha ganado Martín? –le preguntó a su mujer-
-De la venta de los chalets… ¿De dónde va a venir? -respondió con presteza la mujer- Martín ha hecho una operación financiera… Tú no sabes de eso!
-Ya, pero… ¿Quién ha pagado esa diferencia… lo que ha ganado Martín?
-Toma, pues los que han comprado!
-Y ¿quiénes son los que han comprado? Supongo que serán parejas jóvenes que buscan casa y se meten en hipotecas de esas que dan ahora y pagas en 40 años… ¡Maldita economía moderna que para hacer rico a uno hace pobres a veinte! –y se calló de nuevo-
Mientras regresaba a Zaragoza, Paco seguía pensando en las familias condenadas al pago de la hipoteca del piso durante toda la vida y al pago del coche y la gasolina de cada día para ir al trabajo, a PLAZA o Puerto Venecia para comprar, y los chicos y las motos y los accidentes y las horas perdidas en los desplazamientos y en la mala leche que se hace al volante… Allá por Cuarte o Cadrete una urbanización encaramada en el escarpe de yesos sobre el Huerva dibujaba una cremallera monótona en el paisaje de la estepa zaragozana. Un enorme cartel publicitario anunciaba una nueva promoción de chalets adosados: "Viva en plena naturaleza a diez minutos de la ciudad".
De aquel paseo Paco regresó muy triste. Paco murió el año que estalló la burbuja inmobiliaria.
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