12 febrero 2010

"Nuestros hijos nos acusarán"

Las autoridades sanitarias nos advierten de que por primera vez desde hace muchas décadas nuestros hijos tienen una esperanza de vida inferior a la de sus padres.
La consideración de la calidad de vida y la sostenibilidad nos obliga a proyectar una mirada crítica sobre las maneras de producir y los hábitos de consumo.
La película "Nuestros hijos nos acusarán" va sobre los productos químicos en la agricultura y su relación con el aumento de cáncer y otras enfermedades en la población.
Por favor, pasarlo a vuestros contactos, es el numero de visitas lo que determinará que se estrene en las salas de cine.
Para que esta pelicula salga en los cines, es necesario que la mayor cantidad de personas mire el anuncio dentro de los 3 proximos dias

http://www.youtube.com/watch?v=h07olSK9XMM

09 febrero 2010

La ciudad como parásito del territorio

Impacto del Cuarto Cinturón sobre la huerta de Movera (Zaragoza)



Nueva escala de análisis espacial: la ciudad como parásito del territorio.


La ciudad es un parásito de los ambientes naturales y rurales y como tal no produce alimentos, ni limpia la atmósfera ni depura suficientemente el agua. Si el parásito mata a su patrón no puede vivir por mucho tiempo, pero si se desarrollan intercambios, ambos se benefician mutuamente (ODUM, 1992).

Los impactos ambientales de la ciudad manifiestan su forma más evidente en los ámbitos territoriales más urbanizados debido a su mayor densidad espacial y a la intensidad y complejidad de sus efectos sinérgicos. Pero, además, las estructuras urbanas y las infraestructuras subordinadas a la ciudad que prolongan a cientos de kilómetros los impactos urbanos y abarcan de forma directa u omisiva la práctica totalidad del territorio.

Multitud de estructuras alterantes, agresiones y ocupaciones rompen la estabilidad del espacio agrícola y los ecosistemas naturales como efecto de una planificación regional planteada, la mayoría de las veces, desde la exclusiva lógica de la ciudad.

En los espacios rurales y naturales, la red de infraestructuras viarias, hidráulicas, de telecomunicación, comerciales, etc... y los procesos sociales y económicos que llevan consigo, forman un tejido cada vez más denso y rígido que compartimenta, debilita y necrosa fragmentos progresivamente mayores de territorio, interrumpiendo los procesos naturales y las funciones rurales.

La permeabilidad física, social y económica de los enclaves urbanos e infraestructuras que reticulan y cercan espacios naturales y rurales, es muy baja o nula y, en consecuencia, suelen aportar muy poco al desarrollo de estos medios que deben soportar sus impactos.

05 febrero 2010

La planificación energética de la ciudad

El tranvía en el centro de Le Mans (Francia) libera una avenida del tráfico de vehículos

Los problemas del ambiente urbano no son exclusivamente problemas de contaminación, de edificación y de la naturaleza en la ciudad.
No es suficiente con relacionar los consumos energéticos con la contaminación atmosférica y con una utilización más eficiente de la energía en el planteamiento de nuevas construcciones.
Es necesario colocar en primer lugar la planificación energética de la ciudad.
La eficiencia energética consiste en la obtención de los mismos bienes y servicios energéticamente dependientes, pero con una aportacición de energía externa mucho menor, con la misma o mayor calidad de vida, con menos contaminación, a un precio inferior al actual, alargando la vida de los recursos y con menos conflictos.
Teniendo en cuenta este principio, la movilidad puede basarse en un sistema de transporte colectivo, eficaz y cómodo que reduce los consumos energéticos y en consecuencia los costes económicos y las emisiones de gases y partículas a la atmósfera. Por otra parte,  se libera  una buena parte del espacio público de la servidumbre del tráfico, disminuye el impacto del ruido y gana la calidad paisajística. Sistemas de transporte colectivo como el tranvía y el metro deben competir con el vehículo privado en la ciudad del mismo modo que el AVE hace en los trayectos interurbanos: procurando rapidez y comodidad.
Pero no es suficiente. La planificación energética debe tener en cuenta la localización de los espacios para satisfacer las necesidades del ciudadano en cuanto a lugar de residencia, trabajo, comercio, estudio, ocio, deporte...  procurando una densidad y complejidad funcional en el diseño urbano que permita reducir los desplazamientos y localizando los equipamientos y servicios (universidad, hospitales, áreas comerciales y de ocio, estadios deportivos...) vinculados a los ejes de mayor capacidad donde los sistemas de transporte puedan ser más eficaces.
Finalmente hay que cambiar de mentalidad respecto a lo que entendemos como calidad de vida. Por ejemplo, comprender y experimentar como, muchas veces, es más saludable, rápido y divertido desplazarse en bicicleta que en coche.

03 febrero 2010

El paisaje: el Moncayo, blanco y rosa (1).

El Moncayo (2.316 m) es el acento blanco que, seis meses al año, domina las altiplanicies de luz de Castilla y  las tierras secas del Valle del Ebro. Elementos naturales y culturales se trenzan en mil combinaciones hasta conseguir un paisaje singularmente expresivo y rico.
La sierra debido a su altitud y situación entre el mundo atlántico y mediterráneo proporciona un conjunto diverso de formas de relieve, de topoclimas y de comunidades animales y vegetales realmente únicos en una pequeña porción de terreno.
La diversidad natural se enriquece con la huella milenaria del ser humano que ha creado un patrimonio cultural excepcional: la sencilla arquitectura de los pueblos emplazados en las solanas a sotavento del cierzo, Tarazona, el Monasterio de Veruela, las redes de riego, las leyendas, las brujas, los huertos, los olivares, las viñas, los caminos, castillos, las cabañas y parideras...
A los valores ecológicos y culturales se suma la belleza de sus formas, tamaños, colores, luces, texturas y sonidos, elementos sensoriales que elevan la montaña a categoría estética de primer orden.
!Oh mole del Moncayo, blanca y rosa, allá en el cielo de Aragón, tan bella! (A. Machado)
El paisaje agrícola y forestal heredado, el patrimonio historico-artístico, las referencias literarias, los mitos y leyendas, la vida tradicional de sus gentes y sus aspiraciones de futuro son valores con las que afrontar los retos de una sociedad llamada a establecer nuevas relaciones con la naturaleza, germen de calidad de vida. El Moncayo proporciona un espacio ecológicamente saludable que, a medio plazo, puede tener un significativo valor económico y social, si se sabe aprovechar.


El paisaje es más que montaña y bosque, es también atmósfera, luz, color, frío, olor, sentimiento, evocación... vida.

02 febrero 2010

El paisaje: Monegros

Paisaje minimalista y sublime de Monegros. Laguna de la Playa.

Contemplar el territorio como paisaje significa introdu­cir una clave de comprensión, mirar al mundo desde la inteligencia y la sensibilidad, para intentar descubrir el significado de la naturaleza y el ser humano, para sentir la vitalidad del universo en el propio latido.
Dice Miguel de Unamuno que "no es sólo como alimento de estómago, y por su gea y clima y fauna y flora, como nuestra tierra nos moldea y hiere el alma, sino como visión, entrándonos por los sentidos". El estudio del paisaje como visión integrada del conocimiento con la dimensión intangible de los valores afectivos, simbólicos y de identidad, no suele ser abordado en su conjunto, a pesar de su inminente necesidad y utilidad en la planificación y ordenación del territorio. Los separados mundos de artistas y los científicos, distorsionan sectorialmente el adecuado análisis conocimien­to, imagen y vivencia humana del paisaje.
Pocos paisajes de la Península Ibérica tienen la personalidad de Monegros. El paisaje de Monegros, mucho más rico y diverso de lo que un viajero apresurado pueda suponer, tiene como clave la luz. Una luz deslumbrante, inmensa, que ciega las sombras. Y junto a la luz, un panora­ma infinito, un cielo inmenso, una tierra que se reduce a veces a un trazo minimalista horizontal. La perspectiva se pierde si no está subrayada por el punteado oscuro de las sabinas que acentúan la profundidad. El destello de las salinas, las mieses rizadas por el cierzo o el suelo desnudo de la geología tienen una eficacia estética inusual y de primer orden.
Hay que adentrarse sólo en la laguna de la Playa cuando está seca. Y caminar con la sal crujiendo bajo los pies, dejando los negros círculos vegetales atrás, pisando los craquelados groseramente hexagonales de la tierra reseca con los contornos blanco sobre negro o negro sobre blanco, depende de la humedad. Y meterse dentro y ver la estrecha franca de tierra oscura que circunda como una cinta la bandeja de sal deslumbrante. Y mirar al cielo, inmensamente azul con filamentos de nube peinados por los vientos en altura. Tú, sólo. ¡Grandioso!
Pero hay otra escala para aproximarse al paisaje, la del ser humano de estas tierras que con poco más que sus manos ha creado un espacio para vivir. Sus huellas tienen la senci­llez sublime de la supervivencia.
Una huella humilde y mineral se encuentra en los muretes de piedra junto a las cabañeras para protegerse del viento, en las cabañas con bóveda falsa de piedra seca, en los montones de piedras en los linderos de los campos, porque aquí las piedras crecen y tienen que sacarse de los suelos de labor, en los muros de las casetas y corrales con losas de costra o mallacán en disposición espigada. Son minúsculos monumentos levantados a la vida dura y al hambre. Son la verdad de la vida en otros tiempos.
Hay otros monumentos, más significativos si cabe, regulados y mantenidos con religioso respeto hasta hace cuatro días. Son los monumentos al agua. Los pequeños pozos sin más infraestructura que unas filas de piedras cerrando un círculo interrumpido por un portillo por el que entrará el agua recogida por un surco labrado en la ladera, si llueve, y una pila labrada en una piedra más grande que servirá de abrevadero. Las balsas hermosas y casi sagradas como la Balsa Nueva de Candasnos con sillares cuidadosa­mente tallados para el abastecimiento humano. Las balsas abiertas, grandes y redondas para el ganado y las mulas. Las sucesivas limpias dejaron como testimonio los turrumperos, acumulaciones arcillosas con forma de caballón anular en torno a los pozos y balsas.
Agüeras, fregenales, cañadas, corrales, casetas, cabañas, caminos, balsas, topónimos, reglamentos,... un universo mínimo, la verdad de milenios de esfuerzos para vivir donde muchos sabios y poderosos caerían muertos de hambre y de sed.
Quizás estos valores no sean unánimemente celebra­dos, pero su fuerza está ahí, esperando como el arpa dormida la mano de plata. El espectador que deguste algo más que los modelos dominantes en clave verde y agreste, podrá vibrar, como muchos ya lo hacen, ante el impresionante y sencillo paisaje monegrino.
De este modo el paisaje, como elemento estético y expresión de una armónica relación de elementos naturales y culturales, se convierte en una variable de importancia considerable en el estudio del territorio, considerada como un recurso y como un bien patrimonial que es preciso usar y gestionar adecuadamente.
A pesar de su apariencia dura, el paisaje de Monegros es extremadamente frágil y especialmente por su gran amplitud panorámica en la que cualquier interferencia visual llama poderosamente la atención del espectador. Las trazas de los flujos naturales son sutiles hasta el extremo y requie­ren conocimiento y sensibilidad para mantenerlas. Las obras humanas son tan sencillas que escapan de los inventarios de patrimonio. Los viajeros van tan rápidos, tan encerrados en sus cofres metálicos con aire acondicionado, que para ellos el paisaje muere. Y lo matan, porque el paisaje sólo es tal cuando los ojos lo miran y el corazón se enamora de su verdad. Monegros es luz y verdad.

2. El paisaje: la caída del burro.

Jueves 23 de noviembre de 1975. El autobús espera para salir de excursión con los alumnos de segundo de Geografía e Historia al pie de la escalinata de la Facultad de Filosofía y Letras. Yo estoy allí porque quiero estudiar Historia del Arte y no me queda otro remedio que estudiar Geografía de España.

Dirige la excursión una profesora, Mª Jesús Ibáñez, muy seria y profesional. Nada más entrar en el autobús le ofrezco la bota de vino en un claro desafío. La tuteo:

-Toma, ¿quieres?

-¿De dónde es el vino? –me responde con calma-

-De Borja

-Qué bien, me gusta!. Pero es un poco pronto para tomarlo solo, ¿llevas algo de almuerzo?

-Sí, tortilla de patata. La hago yo, está muy buena.

-Trae!

La buena María Jesús tiene buen apetito y come un buen trozo. Luego prueba el vino.

-Humh! Muy bueno.

(Antes de arrancar, uno a cero a favor de la profesora)

Arranca el autobús y tomamos la carretera de Huesca, luego hacia Ayerbe. Los Mallos de Riglos me impresionan pero no entiendo muy bien lo de los pliegues y mantos de las sierras exteriores y su relación con tan impresionantes puros.

Nueva parada en Bailo. La profesora dibuja a la perfección el perfil de San Juan de la Peña. Sigo muy atento la explicación.

-¿Ves, Pellicer?

-Si, el perfil está clavado!

-Mira….

La profesora dibuja ahora detalles menores de la montaña. Los pequeños trazos dibujan un arco. ¡lo veo, lo veo!.

-¿qué es esto, Pellicer?

-¿Un…, un sinclinal colgado?

-¡Eso es!

-Uauhhh!!!!!!!!

Descubrí que había una razón en el paisaje. Es más, que yo era capaz de descubrirla.

Comimos en la estación de Canfranc, hacía mucho frío y llovía. La profesora y yo compartimos la comida. Me hacía un lío con el tú y el usted. Entonces no era frecuente tutear a los profesores.

De regreso y en medio de la ventisca, unos pocos acompañamos a Mª Jesús a ver las morrenas de Castiello en la trinchera del ferrocarril.

Se hizo de noche y el autobús rodaba lentamente por el puerto de Sta Bárbara. Yo iba de un excelente humor. Cantamos y reímos hasta Zaragoza.
                                                                                         
Un personaje de Tarso, perseguidor de cristianos, se cayó un día del caballo y se convirtió en San Pablo. Yo, modestamente, me caí aquel día del burro… dejé de sufrir con el estudio y empecé a disfrutar del descubrimiento. Decidí dedicarme a descubrir los secretos de los paisajes leyendo en la epidermis de la Tierra. Comencé a estudiar apasionadamente, mis notas mejoraron sensiblemente.

Mª Jesús Ibáñez dirigió mi tesis doctoral sobre geomorfología del Moncayo.

Hace unos días conté esta historia a Irene, dibujando en un cartón el sinclinal colgado de San Juan de la Peña.



Bajo la apariencia caprichosa del paisaje se esconden, en secreto para quien no sabe mirar, las razones de su fisonomía, estructura y dinamismo.

01 febrero 2010

Principios ecológicos para Zaragoza. y 10. Complejidad y continuidad. Más ciudad y menos coches.

 Conseguir un espacio urbano en el que la calidad y complejidad sean compatibles con una mayor austeridad en el consumo de espacio, infraestructuras y energía.
Especialmente en los cascos consolidados y en aquellas zonas en las que la estructura urbana no puede soportar altas densidades de tráfico, deben establecerse de medidas disuasorias del tráfico rodado, fomentarse el transporte público y procurar la integración de funciones.
Las líneas prioritarias de este principio podrían formularse como:
- Mantenimiento de unos niveles de densidad residencial conforme al modelo del espacio plurifuncional clásico que permite los desplazamientos a pie y en bicicleta e incrementa la eficacia de los transportes públicos. Mezcla de usos residenciales y usos productivos compatibles; colegios, comercios y espacios recreativos y deportivos próximos; plazas y lugares de encuentro en espacios,abiertos, libres y gratuitos.
- Continuidad del espacio urbano en el que se atenúen las discontinuidades que suponen las grandes barreras de carácter viario. Por ejemplo convirtiendo la Z-30 o Tercer Cinturón en un bulevard urbano en la Orla Este.
- Complejidad morfológica, estructural y funcional que facilite la integración social de la población residente, evitando las barreras económicas, étnicas, sociológicas,... Por ejemplo, procurando una mezcla equilibrada de vivienda libre y VPA en los nuevos espacios urbanos que cosen los barrios de Picarral, Vadorrey, Las Fuentes y San José.
- Articulación del espacio evitando la tendencia a la formación de grandes subcentros urbanos especializados y alejados entre sí -residencia, trabajo, áreas comerciales, servicios sanitarios- en los que los transportes públicos resultan ineficaces o muy costosos, primando indirectamente el uso del automóvil privado. Paralelamente, será necesaria la introducción de medidas de disuasión, e incluso de restricción, al tráfico rodado en los centros y subcentros urbanos.

Vadorrey, el Ebro, el Gállego y las Fuentes. Un escenario donde proyectar con lo mejor de nuestra tradición de ciudad compacta mediterránea.

Con este principio nº 10 termino la serie dedicada a los Principìos ecológicos para la ciudad de Zaragoza.
Inicié el enunciado de estos principios con el objeto de contribuir al debate y reflexión sobre el modelo de desarrollo de la ciudad y  en particular sobre los proyectos que afectan a la Orla Este. He tratado
de encontrar lo más valioso de nuestras tradiciones cívicas, a la vez que evitar el despilfarro de recursos físico-ambientales que comenzamos a reconocer como limitados.
Recibiré con agrado las sugerencias y críticas a cada uno de estos principios sobre los que trabajo desde hace años. Gracias a ellas, sigo aprendiendo cada día.