09 febrero 2010

La ciudad como parásito del territorio

Impacto del Cuarto Cinturón sobre la huerta de Movera (Zaragoza)



Nueva escala de análisis espacial: la ciudad como parásito del territorio.


La ciudad es un parásito de los ambientes naturales y rurales y como tal no produce alimentos, ni limpia la atmósfera ni depura suficientemente el agua. Si el parásito mata a su patrón no puede vivir por mucho tiempo, pero si se desarrollan intercambios, ambos se benefician mutuamente (ODUM, 1992).

Los impactos ambientales de la ciudad manifiestan su forma más evidente en los ámbitos territoriales más urbanizados debido a su mayor densidad espacial y a la intensidad y complejidad de sus efectos sinérgicos. Pero, además, las estructuras urbanas y las infraestructuras subordinadas a la ciudad que prolongan a cientos de kilómetros los impactos urbanos y abarcan de forma directa u omisiva la práctica totalidad del territorio.

Multitud de estructuras alterantes, agresiones y ocupaciones rompen la estabilidad del espacio agrícola y los ecosistemas naturales como efecto de una planificación regional planteada, la mayoría de las veces, desde la exclusiva lógica de la ciudad.

En los espacios rurales y naturales, la red de infraestructuras viarias, hidráulicas, de telecomunicación, comerciales, etc... y los procesos sociales y económicos que llevan consigo, forman un tejido cada vez más denso y rígido que compartimenta, debilita y necrosa fragmentos progresivamente mayores de territorio, interrumpiendo los procesos naturales y las funciones rurales.

La permeabilidad física, social y económica de los enclaves urbanos e infraestructuras que reticulan y cercan espacios naturales y rurales, es muy baja o nula y, en consecuencia, suelen aportar muy poco al desarrollo de estos medios que deben soportar sus impactos.

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